EL DÍA QUE DECIDÍ MORIR
y el día que mi familia me ordenó vivir
Una foto bendecida en una misa católica.
Un compromiso: no abandonar a nadie.
Personas vulnerables, olvidadas, etiquetadas.
Lo conseguimos.
No es caridad. Es consecuencia.
El origen: Prisión de Marruecos, 2012
En una prisión de Marruecos, en 2012, tomé la decisión de morir mediante huelga de hambre. Pensé que mi muerte acabaría con mi sufrimiento y con el vuestro. Pero entonces os vi luchando, buscando ayuda en todos los lugares posibles, viendo cómo se cerraban todas las puertas. Estábamos acusados falsamente de atentar contra la economía del país. En ese contexto nació el Consejo de Sabios: la familia organizándose para resistir. Y vosotros tomasteis una decisión que yo acepté: no morir. Abandoné la huelga de hambre a los 28 días para respetar vuestra orden.
La gran familia
Dentro de la prisión, todo el mundo os conocía como la gran familia. Allí había personas vulnerables, rotas, etiquetadas, olvidadas. Vosotros erais mi familia de sangre desde fuera. Dentro se creó otra familia basada en la confianza y la resistencia. Ocurrió algo inolvidable: la bendición de un cuadro con vuestra foto en una misa católica celebrada dentro de una prisión de un país musulmán. Esa foto se convirtió en símbolo de esperanza para todos. Cuando salí en libertad, dejé la foto allí para que supieran que no los abandonaba. Y cuando salió el último preso de aquellos con los que me comprometí, fue él quien trajo la foto de vuelta. Todavía la conservamos.
La empatía aprendida
De aquella etapa nació una empatía demasiado potente. No es empatía de libro. Es la empatía de haber estado abajo del todo, de haber sido vulnerable y «loco», de haber visto cómo las personas se empoderaban simplemente porque alguien las acompañaba sin juicio. Ese acompañamiento les devolvía la fuerza y les hacía perder el miedo. Por eso hoy ayudo a personas vulnerables o «locas» como yo. Porque en aquel tiempo, nosotros también lo éramos.
La Fundación PAPE
La Fundación PAPE es la forma organizada, seria y transparente de todo esto. No es caridad ni asistencialismo. Es un proyecto para reducir desigualdades, ofrecer formación, acompañar a quienes quieren mejorar su vida, enseñar a aprovechar oportunidades y promover la perseverancia. Detrás de cada palabra hay una parte de nuestra historia. Vosotros sois el origen de todo. Si no os hubiera visto aquel día, si no hubiera aceptado el acuerdo del Consejo de Sabios, si no hubiera decidido vivir por vosotros, nada de esto existiría.
La invitación en libertad
Me gustaría que fuerais patronos de la Fundación PAPE. No por obligación, no por compromiso moral, no por herencia emocional. Me gustaría porque conocéis la raíz de esta historia y porque podéis ayudar a que el proyecto no pierda su sentido original. Pero si no queréis, lo entenderé profundamente. No es una carga. No es una deuda. Es una invitación en libertad. Tenéis hasta mi proximo cumpleños de 2027 para decidir.
Paco H. · El loco de atar · Enero 2026
Carta a mi familia
Sobre la Fundación PAPE y el origen real de todo
A mi familia,
a mis hijos,
a quienes sois la raíz de mi vida y de mi supervivencia:
Quiero dejar por escrito algo que no es un proyecto más, ni una idea bonita, ni una ocurrencia tardía. Lo que voy a contaros es la verdad completa del camino que me ha traído hasta aquí y que desembocará en la constitución de la Fundación PAPE.
Este documento no es para convenceros de nada. Es para que entendáis por qué hago lo que hago, por qué ahora, y por qué este proyecto nace de nuestra historia real, no de una fantasía.
1. El día en que decidí morir… y el día en que acepté vivir
En aquella prisión tomé una decisión que nunca os conté con todas sus palabras: decidí morir.
No fue un impulso ni un arrebato. Fue una conclusión fría: pensé que mi muerte acabaría con mi sufrimiento y también con el vuestro.
Pero entonces ocurrió algo que lo cambió todo: os vi.
Os vi buscando ayuda en todos los lugares posibles, llamando a todas las puertas y viendo cómo se cerraban una tras otra. Os vi luchando contra un sistema que nos acusaba de un delito falso: supuestamente haber atentado contra la economía y la seguridad del país, causando pérdidas millonarias a compañías telefónicas. Una denuncia falsa que, de tanto repetirse, estuvo a punto de hacerse verdad incluso para nosotros.
En ese contexto apareció lo que vosotros bautizasteis como el Consejo de Sabios. No tiene nada de místico. Nace de nuestras reuniones familiares, cuando yo preguntaba:
—¿Qué hacemos aquí?
Vosotros decíais en broma o en serio: el tonto porque hoy es fiesta y debíamos estar disfrutando.
Y yo respondía: Estamos aquí para disfrutar, aprendiendo y debatiendo. Estamos preparándonos para cuando yo falte, para que no se note.
Ese era el Consejo de Sabios: la familia organizándose para resistir.
Y ahí, en mi ausencia, tomasteis una decisión que yo acepté: no morir.
Abandoné la huelga de hambre a los 28 días, no por debilidad, sino para respetar vuestra orden.
Si seguía vivo, sería para intentar lo imposible.
2. La gran familia dentro de la prisión
Dentro de la prisión —y también fuera— todo el mundo os conocía como la gran familia.
Allí había personas vulnerables, rotas, etiquetadas, olvidadas. Vosotros, desde fuera, erais mi familia de sangre. Dentro, se creó otra familia basada en la confianza, la lealtad y la resistencia.
Toda la prisión conocía a mi familia de fuera.
Y ocurrió algo que nunca olvidaré: la bendición de un cuadro de LA FAMILIA en una misa católica celebrada dentro de una prisión de un país musulmán.
La iniciativa nació de los propios presos que se quedaban allí. La hicieron porque vieron que, aunque yo ya estaba en libertad, seguía con ellos.
Aquella foto que vosotros, sin entender por qué os la pedí, me enviasteis sin cuestionar nada, se convirtió en un cuadro que no solo me daba fuerza a mí, sino a todas las personas.
Cuando a algunos se les pidió que no hablaran más conmigo ni con los medios de comunicación, todos lo negaban, aunque sus voces los delataban. Pero ya eran imparables. Confiaban en mí y, sobre todo, querían asegurarse de que no los dejara solos.
3. La foto que se convirtió en símbolo
Esa foto concreta que os pedí desde prisión —y cuyo sentido quizá no entendisteis entonces— se convirtió en el símbolo de la gran familia.
Cuando salí de prisión, dejé la foto allí, para que supieran que no los abandonaba y que mi libertad no significaba su olvido.
Y cuando salió el último preso de aquellos con los que me comprometí, fue él quien trajo la foto de vuelta. Todavía la conservamos.
Por eso, en todos los proyectos que inicio, aparece siempre la expresión «la gran familia». No es una metáfora: es un símbolo nacido de la vida real.
4. El objetivo de sacarlos a todos
Conviene decirlo con claridad: el objetivo de sacarlos a todos no existía al principio.
Primero vino la lealtad. Primero vino el apoyo. Primero vino la decisión de no dejarlos solos.
Solo después, al ver la confianza que depositaban en mí, nació ese propósito: hacer todo lo posible para que ninguno se quedara atrás.
Y lo conseguimos.
5. Reconstruir mi vida y el artículo del Quijote
Todo esto ocurrió hace muchos años. Después vino la reconstrucción: lenta, irregular, pieza a pieza.
En ese proceso escribí el artículo «El Quijote», publicado el 7 de mayo de 2014, en el contexto de las cárceles de Marruecos.
En apariencia era un texto literario. En realidad era una forma de hablar de mí mismo sin nombrarme.
El Quijote es un espejo perfecto: loco y lúcido, vulnerable y valiente, ridículo y grande, empeñado en ayudar a quienes nadie mira, dispuesto a parecer insensato con tal de ser fiel a lo que siento.
Ese texto fue una parte de mi reconstrucción: una forma de ordenar lo vivido, de darle sentido y de transformar el dolor en relato.
6. La empatía aprendida
De aquella etapa nació algo que hoy me define: una empatía aprendida, demasiado potente.
No es empatía de libro. Es la empatía de haber estado abajo del todo. De haber sido vulnerable y «loco». De haber visto cómo todas las personas se empoderaban, a veces simplemente porque alguien lloraba con ellas, porque alguien las acompañaba sin juicio.
Ese acompañamiento les devolvía la fuerza. Les hacía perder el miedo. Y así comenzaron a hablar por el Teléfono de la Esperanza, aunque fuera a un simple contestador, porque ya se sentían capaces, unidas y empoderadas.
Por eso hoy ayudo a personas vulnerables o «locas» como yo. Porque en aquel tiempo, nosotros también lo éramos.
Ayudar no es una traición. Es una consecuencia.
7. Una nueva etapa
Hoy estamos en otra fase. Vosotros habéis c Hoy estamos en otra fase. Vosotros habéis c Hoy estamos en otra fase. Vosotros habéis crecido, habéis construido vuestras vidas y habéis demostrado una fortaleza que me llena de orgullo. Eso no significa que no os quiera ni que no os necesite. Significa que ya no tengo que sostenerlo todo como entonces. Y ese cambio abre un espacio nuevo: puedo dedicar una parte importante de mi vida a los demás. No porque os sustituya, sino porque vosotros fuisteis el motor que me salvó, y ahora ese motor puede ayudar también a otros. La Fundación PAPE es la forma organizada, seria y transparente de todo esto. No es caridad. No es asistencialismo. No es quitarle nada a nadie. Es un proyecto para: reducir desigualdades, ofrecer formación, acompañar a quienes quieren mejorar su vida, enseñar a aprovechar oportunidades, y promover la perseverancia. Todo está explicado en la web: fpape.es Pero lo esencial es que detrás de cada palabra hay una parte de nuestra historia. Porque vosotros sois el origen de todo. Si no os hubiera visto aquel día, si no hubiera aceptado el acuerdo del Consejo de Sabios, si no hubiera decidido vivir por vosotros, nada de esto existiría. Por eso quiero deciros algo con total libertad: Me gustaría que fuerais patronos de la Fundación PAPE. No por obligación. No por compromiso moral. No por herencia emocional. Me gustaría porque conocéis la raíz de esta historia y porque podéis ayudar a que el proyecto no pierda su sentido original. Pero si no queréis, lo entenderé profundamente. No es una carga. No es una deuda. No es una obligación. Es una invitación en libertad. Que entendáis por qué hago lo que hago. Que sepáis que no os estoy sustituyendo por nadie. Que veáis que ayudar a otros vulnerables es una prolongación natural de lo que vivimos. Que sintáis que la Fundación PAPE también forma parte de nuestra historia familiar. Yo acepté no morir por vosotros. Vosotros aceptasteis, con el tiempo, que yo siguiera mi camino. Ahora solo os pido que miréis este proyecto con los ojos de quienes saben de dónde viene.8. Qué es la Fundación PAPE
9. Por qué os escribo esto
10. Lo único que realmente deseo
con toda mi gratitud,
con toda mi verdad,
Papá, Paco H.
El loco de atar.
Enero 2026.