Versalles, crónica de un crimen social

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🏰 VERSALLES: CRÓNICA DE UN CRIMEN SOCIAL

ADVERTENCIA LEGAL

Este relato es pura ficción. Cualquier parecido con hechos reales, con vecinos, familiares, con casos leídos en prensa, con pesadillas que te visitan desde que firmaste tu hipoteca, o incluso contigo mismo, es producto exclusivo de tu desbordante imaginación.

Y si descubres que esta historia podría ser la tuya… entonces quizá no sea tan ficticia.

PRÓLOGO: La pregunta que nadie quiere responder

Antes de que comience esta crónica, detente un momento.

No te preguntes si podrías ser el protagonista. Esa pregunta es fácil, cómoda, autocompasiva. Todos imaginamos que, ante la injusticia, seríamos los héroes resistiendo.

La pregunta incómoda es otra:
¿En qué escena de esta historia has aparecido tú como cómplice?

¿Fuiste el funcionario que firmó un papel dudoso un viernes por la tarde porque «ya investigaré el lunes»?

¿El empleado de banco que archivó un expediente incómodo en el cajón del olvido?

¿El familiar que rogó al protagonista que «dejara el tema, por favor, nos estás matando a todos»?

¿El ciudadano que leyó la noticia del desahucio mientras desayunaba y pasó de página?

¿El que dijo «algo habrá hecho» cuando viste a alguien resistiendo?

VOZ EN OFF: Entre todos lo mataron, dice el viejo refrán español. Pero «todos» no es una abstracción. Somos nombres, apellidos, DNIs. Somos las pequeñas decisiones cotidianas que, sumadas, construyen el mecanismo perfecto de la injusticia.

Esta es la crónica de un crimen social. No busques al asesino con el cuchillo ensangrentado. Busca los mil dedos que apretaron suavemente hasta asfixiar.

Y prepárate: porque al final de esta historia, serás tú quien elija el desenlace.

ACTO PRIMERO: LA ILUSIÓN (2007)

O cómo se vende aire con sello municipal

ESCENA 1 – Interior. Oficina de promotora inmobiliaria. Día.

Maquetas relucientes sobre la mesa. Planos desplegados. Café recién hecho. Sonrisas profesionales.

El Protagonista observa el sello. Parece oficial. Parece serio.

El Protagonista firma. Entrega sus ahorros. Cuarenta y dos mil setecientos cuarenta y siete euros con ochenta céntimos. Cada céntimo sudado durante décadas.

VOZ EN OFF: Año 2007. Un hombre honrado confía en las instituciones. Primera lección de esta tragedia: la confianza es el lubricante perfecto para el engranaje del fraude.

ESCENA 2 – Interior. Banco. Mismo año.

El Protagonista asiente. Las instituciones inspiran confianza. ¿Por qué iba a dudar?

VOZ EN OFF: Y no dudó. Porque las personas decentes confían en que el sistema funciona. Porque hemos construido una sociedad donde desconfiar de un banco es de paranoicos.

ACTO SEGUNDO: LA ESPERA (2007-2018)

O los once años que nadie cuenta

ESCENA 3 – Montaje temporal. Diversos escenarios.

Año tras año. El Protagonista llama al promotor.

El Protagonista llama al banco.

VOZ EN OFF: Hizo todo lo que un ciudadano debe hacer. Siguió los cauces legales. Confió en que el sistema respondería.

El sistema no respondió.

ACTO TERCERO: LA REVELACIÓN (2018)

O el momento en que las máscaras caen

ESCENA 4 – Interior. Notaría. Día.

Once años después. El Protagonista tiene ahora 58. El pelo más gris. Las arrugas más profundas.

Silencio. El tipo de silencio que precede a los terremotos.

El Notario no responde. No tiene respuesta.

ESCENA 5 – Interior. Banco. Mismo día.

El Protagonista saca el contrato. Señala la cláusula.

Pausa. El mundo del Protagonista se derrumba en esa frase.

VOZ EN OFF: Y en ese momento, once años de confianza se convirtieron en once años de estafa. El banco había cobrado comisiones por un aval inexistente. El promotor había vendido con licencia ilegal. El Ayuntamiento había firmado lo que no debía.

Y nadie, absolutamente nadie, era responsable de nada.

EPÍLOGO: ELIGE TU FINAL

Esta historia no ha terminado. Aún no. Porque el final depende de ti.

FINAL A: LA RENDICIÓN

Si eliges este final…

VOZ EN OFF: La policía entra. El Protagonista sale con una bolsa. Sin resistirse.

AGENTE: «Lo sentimos, señor. Solo cumplimos órdenes.»

Sale a la calle. La empresa de desahucios cierra la puerta. Pone un candado.

VOZ EN OFF: Y así, el sistema ganó. El promotor sigue promocionando. El banco sigue prestando. El Ayuntamiento sigue firmando. La empresa sigue desalojando. Y todos siguen diciendo: «Yo no tuve la culpa.»

El Protagonista camina por la calle. Solo. Derrotado.

Este es el final que ocurre cuando todos miramos hacia otro lado.

¿Es este el final que quieres?

FINAL B: LA VENGANZA DEL SISTEMA

Si eliges este final…

VOZ EN OFF: El Protagonista internado. Medicado. Silencioso.

PSIQUIATRA (a un interno): «Caso grave de trastorno paranoide. Obsesión con una conspiración sobre un edificio llamado Versalles.»

VOZ EN OFF: El sistema tiene una solución elegante para los que resisten demasiado: declararlos locos. No por maldad, sino por eficiencia. Un loco no tiene razón, aunque la tenga.

Sus papeles, sus pruebas, sus reclamaciones: todo archivado como «delirios de persecución».

Este es el final que ocurre cuando confundimos cordura con conformismo.

¿Es este el final que quieres?

FINAL C: EL DESPERTAR CIUDADANO

Si eliges este final…

VOZ EN OFF: Una concentración. No multitudinaria. Veinte, treinta personas. Carteles: «VERSALLES NO ES FICCIÓN», «ENTRE TODOS LO MATAMOS», «¿CUÁNTOS MÁS?»

CIUDADANO 1: «Yo trabajaba en un banco. He visto casos como este. Nunca dije nada.»

CIUDADANO 2: «Yo soy funcionaria. He firmado papeles sin leer. Hoy me avergüenzo.»

CIUDADANO 3: «Yo leí su historia y pensé ‘no es mi problema’. Pero sí lo es. Porque mañana puedo ser yo.»

VOZ EN OFF: No fue una revolución. No hubo justicia inmediata ni milagros. Pero algo cambió: la indiferencia se rompió. La complicidad silenciosa se hizo visible.

Medios de comunicación llegan. Preguntas incómodas a políticos. Investigaciones.

No fue justicia. Aún no. Pero fue algo: el principio del fin de la impunidad.

El Protagonista sigue en su piso. Esperando. Pero ya no está solo.

¿Es este el final que quieres?

NOTA FINAL DEL AUTOR

Este relato es ficción.
Los hechos que describe, no.

La pregunta final no es «¿podría pasarme a mí?»
La pregunta es: «¿Qué voy a hacer para que no le pase a nadie más?»

Tu respuesta es tu final.

Versalles existe. El edificio también. Pero la metáfora es lo importante.
Y todos vivimos en él.

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